27 de diciembre de 2007

Tocando a Warnken

imageCristián Warnken tuvo el increíble coraje de cumplir con su habitual columna en El Mercurio, tres días después de perder a su hijo. Y ocurrió algo que nunca había pasado.

Al momento de escribir esto, esa columna -una carta en homenaje a su hijo Clemente- acumula 1929 comentarios.

Es la entrada de un blog con más reacciones que yo haya visto en Chile. Y en menos de 24 horas.

Son 1929 personas que pudieron tocar y acompañar a Warnken, y que de otro modo no habrían podido expresarle su pesar. Son 1929 mensajes de afecto que no habrían existido.

Esa columna en el papel fue un gesto impresionante. Pero fue esta avalancha espontánea la que me hizo sentir que de verdad hay una comunidad mucho más amplia allá afuera. Y que a todos nos duele muchísimo la pérdida de uno de nuestros niños.

Y me hizo ver también que hay medios que, como nunca antes, facilitan ese contacto. Medios que, como decía el viejo Julio, nos permiten interponer sin más "nuestra vida ajena a ese dialogo con la sombra".

4 comentarios:

Pablo Julio dijo...

Iba a poner un post sobre lo mismo, pero ya que lo hiciste antes, agrego aquí otro aspecto del mismo tema: creo que es la primera vez que leo en la prensa un texto donde se expresan sentimientos genuinos. La causa fue atroz y quizás por eso mismo casi no se notó que se estaba rompiendo una especie de regla tácita de la prensa escrita: el narrador no tiene sentimientos. Las pequeñas excepciones son algunas muestras de indignación pseudo intelectualizada en cartas al director y cápsulas dispersas de nostalgia estética. Tal vez un reportaje pueda conmover, pero lo que lo hace es la situación informada, no el narrador haciendo visibles sus emociones. Warnken lo hizo y todo Chile lloró con él. Es cierto que lo suyo no fue 'informativo', pero cuando la televisión y la radio informan, el periodista sí comunica sus emociones, mientras que la prensa actúa como si las palabras se escribieran solas.

Luis Argandoña dijo...

Buen punto Pablo. Sin posibilidad de interacción "real" los diarios en papel no pueden sino ser como dices: espacios donde los sentimientos son acartonados, impersonales.
Y eso mismo es lo notable de los blogs: que permiten -o exigen- soltarse, ser apasionados. Ser más humano.
Lo que hizo Warnken fue una transgresión.
Capaz que este "nuevo" tipo de comunicación termine poniéndole un nuevo estándar de emocionalidad a los diarios. Quién sabe. Un abrazo.

Marisol Garcia dijo...

Por experiencia propia, sé que el redactor de columnas debe estar siempre midiendo su emocionalidad. No quedan bien las columnas demasiado enojadas, ni demasiado entusiastas, ni demasiado tristes ni demasiado asombradas. Son muy pocos los casos en que la prosa necesita del desborde emotivo, y creo que éste fue una de esas excepciones, y explica, por lo tanto, también la reacción única.

Moragaux dijo...

la fuerza de los debiles